Chapter text
Reina-Valera 1909
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- 1 CUANDO te sentares á comer con algún señor, considera bien lo que estuviere delante de ti;
- 2 Y pon cuchillo á tu garganta, si tienes gran apetito.
- 3 No codicies sus manjares delicados, porque es pan engañoso.
- 4 No trabajes por ser rico; pon coto á tu prudencia.
- 5 ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? porque hacerse han alas, como alas de águila, y volarán al cielo.
- 6 No comas pan de hombre de mal ojo, ni codicies sus manjares:
- 7 Porque cual es su pensamiento en su alma, tal es él. Come y bebe, te dirá; mas su corazón no está contigo.
- 8 Vomitarás la parte que tú comiste, y perderás tus suaves palabras.
- 9 No hables á oídos del necio; porque menospreciará la prudencia de tus razones.
- 10 No traspases el término antiguo, ni entres en la heredad de los huérfanos:
- 11 Porque el defensor de ellos es el Fuerte, el cual juzgará la causa de ellos contra ti.
- 12 Aplica tu corazón á la enseñanza, y tus oídos á las palabras de sabiduría.
- 13 No rehuses la corrección del muchacho: porque si lo hirieres con vara, no morirá.
- 14 Tú lo herirás con vara, y librarás su alma del infierno.
- 15 Hijo mío, si tu corazón fuere sabio, también á mí se me alegrará el corazón;
- 16 Mis entrañas también se alegrarán, cuando tus labios hablaren cosas rectas.
- 17 No tenga tu corazón envidia de los pecadores, antes persevera en el temor de Jehová todo tiempo:
- 18 Porque ciertamente hay fin, y tu esperanza no será cortada.
- 19 Oye tú, hijo mío, y sé sabio, y endereza tu corazón al camino.
- 20 No estés con los bebedores de vino, ni con los comedores de carne:
- 21 Porque el bebedor y el comilón empobrecerán: y el sueño hará vestir vestidos rotos.
- 22 Oye á tu padre, á aquel que te engendró; y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.
- 23 Compra la verdad, y no la vendas; la sabiduría, la enseñanza, y la inteligencia.
- 24 Mucho se alegrará el padre del justo: y el que engendró sabio se gozará con él.
- 25 Alégrense tu padre y tu madre, y gócese la que te engendró.
- 26 Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos.
- 27 Porque sima profunda es la ramera, y pozo angosto la extraña.
- 28 También ella, como robador, acecha, y multiplica entre los hombres los prevaricadores.
- 29 ¿Para quién será el ay? ¿para quién el ay? ¿para quién las rencillas? ¿para quién las quejas? ¿para quién las heridas en balde? ¿para quién lo amoratado de los ojos?
- 30 Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura.
- 31 No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en el vaso: éntrase suavemente;
- 32 Mas al fin como serpiente morderá, y como basilisco dará dolor:
- 33 Tus ojos mirarán las extrañas, y tu corazón hablará perversidades.
- 34 Y serás como el que yace en medio de la mar, ó como el que está en la punta de un mastelero.
- 35 Y dirás: Hiriéronme, mas no me dolió; azotáronme, mas no lo sentí; cuando despertare, aun lo tornaré á buscar.